Comenzó siquiera preguntando, más bien titubeando... el viaje, el naufragio, el barco pirata que me covijó...
El viaje, si el repetitivo viaje... si soy luz, los rincones ya no existen...
he ascendido para capear la ola, constante marinero...
Este camino largo, fatigante, ya no cansa en verdad... sólo me tapa los pulmones...
El último amanecer se anuncia, siempre la iluminación del día me concedió un augurio, una escena atrapada en la intemporalidad de mi memoria...
He sido testigo de los universos, de los corazones y las producciones... no queda más que seguir nadando, como cual león, expandir mi linaje... llegar allá lejos, donde mi alma alguna vez ya estuvo...
Se acerca uno de los tantos otoños en la precordillera, para lo cual ya aprendí como cazar...
Mantente así... matenme así... y entonces nos vemos ahí, en la vuelta de la esquina, donde terminan los capítulos...
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