Trabajé constante y duro, levantando un muro gigante, más grande que la cresta...
alto, macizo, con fines de seguridad...
Y al destruirlo, vi el jardín que salvaje se había erguido al otro lado... entré cauto, como siempre pensando en algún lanza vivaracho que anduviera salvándose... pero las raíces me envolvieron hasta las manos, y desde ahí, sólo pude gritar ¡injusticia!
Pero ya era tarde... en ese horario ya habían cerrado el banco y la plata se quedó dentro... le juré que era todo lo que necesitaba, pero no se lo dije... he dejado pasar a aquel tipo llamado amor, con la pelota directo al área...
Las manos se agrietan de tanto ladrillo, de tanta pasta muro... cansa la wea
Aun consciente de mis ruinas, me apego a ser la ciudad histórica extinguida... entre piedras viejas que ya no florecen, sino más que sostienen lo que en algún momento secretaba esperanza...
No hay comentarios:
Publicar un comentario